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Un partido de fútbol se gana por cualquier detalle, por pequeño que sea. Miren lo que ocurrió en los últimos minutos del primer tiempo en el juego de ayer entre Millonarios y Bucaramanga, que entregaba una casilla para las semifinales de la Liga. Ya los azules habían anunciado que por arriba podían hacer daño. Jeisson Palacios, el central del visitante que el miércoles pasado había marcado el segundo gol de su equipo en Floridablanca, se lesionó. Se perdieron varios minutos. Cuatro, para ser exactos, los que repuso, acertadamente, el árbitro Nicolás Gallo.
​En esos cuatro minutos, Dávinson Monsalve entró por Palacios. Se durmió en la marca, Henry Rojas cobró un tiro de esquina, Andrés Cadavid anticipó a Monsalve y anotó el 1-0. En la siguiente jugada de ataque de Millos, tres minutos después, otro tiro de esquina, otra pelota que Rojas mandó por el segundo piso de la cancha y otro cabezazo, esta vez de Dúvier Riascos, para sentenciar el juego, la serie y la clasificación de Millonarios, que hacía dos años no se metía entre los cuatro mejores del campeonato.

“Millonarios hizo los méritos. Respetó al rival, trabajó el partido. Seguimos buscando crecer y a medida que subimos los escalones, de a uno, siempre será más difícil, pero jugar la semifinal siempre es bienvenido”, dijo el técnico azul, Miguel Ángel Russo.
Cualquier detalle es clave. Como el de no cuidar a un equipo que ya había mostrado su fortaleza en el juego aéreo: llevaba seis goles de cabeza en el semestre y ayer anotó dos más. Ningún otro club ha hecho más tantos que Millos por esa vía. Y de esa manera, logró romper un muro que resistió 45 minutos, pero que había mostrado grietas desde que Fernando Castro, el técnico del Bucaramanga, llenó la planilla con los 11 titulares. 

A Bucaramanga le faltaba un lateral derecho. Hace tres partidos que perdió al titular, Henry Obando, por lesión. Y hace tres partidos que Yulián Anchico, que ha jugado en esa posición pero que hace rato es volante, le viene apagando el incendio. No es el único puesto en el que le faltan jugadores, porque si algo ha sufrido ‘Pecoso’ es por nómina. De hecho, no tiene delanteros goleadores.

Por eso también le apostó a tratar de aguantar el empate que regaló en el final del partido de ida con un penalti para tratar de llegar al desempate desde el punto blanco. En el primer tiempo le salía, hasta que se lesionó Palacios y vino la serie de hechos que cambió la historia del juego. 
“Es muy temprano para hacer balances. Vamos a buscar cuatro jugadores, pero me voy contento. Le hicimos un buen partido a Millonarios”, dijo ‘Pecoso’. 

Con ese panorama, Millos decidió atacar por una banda, pero no la de Anchico, sino la de Cristian Mafla. Por ahí caían Jaír Palacios, a veces Henry Rojas, pero especialmente Dúvier Riascos, que casi siempre tomó la misma decisión: buscar un enganche hacia adentro. Pero ni se asociaba ni remataba. 

Con todo y eso, Millonarios le metió un par de sustos al portero Alejandro Otero en ese primer tiempo, uno que falló Ayron del Valle y otro que Pedro Franco, en su mejor partido del semestre, casi mete de cabeza. Eran indicios. Millonarios comenzaba a encontrar la vía para el gol. Y así llegó en la segunda etapa.
A Bucaramanga, que hizo lo que pudo con lo que tenía, solo se le pueden hacer dos reproches: uno, que no hubiera atacado un poco más. La primera opción de gol fue a los 70 minutos, y en un acción que casi es autogol. Y la segunda es muy puntual: Anchico, el más experimentado del equipo, no puede tener tres expulsiones en la Liga. La de ayer, justa e innecesaria, por doble amarilla. 

La única preocupación en Millos, por ahora, es un golpe que sacó del partido a Henry Rojas. “Es un golpe, lo último que hablé con él es que está mejor”, dijo Russo. De resto, ya el equipo se metió de cabeza en la semifinal de la Liga. Al frente, nada menos, estará Nacional.